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VRM13 Virgen de la Divina Pastora, Venezuela, Juan Lovera, Siglo XIX

A algunas personas les cuesta entender un poco el por qué de la alegría del venezolano.

Hace varios meses un italiano que llegó a nuestro país, por cuestiones de trabajo, nos comentaba que él estaba aterrado de venirse a Venezuela. Sus familiares y amigos le decían que estaba “loco” de aceptar el traslado de su empresa a un país tercer mundista tan peligroso.

Y él cuenta que lo que más le impactó al llegar al aeropuerto fue que vio a mucha gente sonriente y servicial. Y luego siguió observando lo mismo en las calles, en la gente que lo recibió, en los compañeros de trabajo (que siempre estaban con un “chistecito” y se lo “vacilaban”), etc. Él no podía entender ¿cómo era posible que los venezolanos con tantos problemas (que por supuesto los oía, todo el día… y se los contaban, todo el día…) fueran tan alegres?

Y es verdad que hay cosas que a uno le cuesta entender. Por ejemplo, cuando uno revisa las estadísticas mundiales de suicidio uno se pregunta: ¿Por qué Suecia, que es el país “más desarrollado” del mundo (que hasta tienen calefacción en las calles para que los suecos no sepan lo que es el frío), tiene uno de los índices más altos de suicidios en el mundo?: 18,1 hombres y 8,3 mujeres por cada 100.000 habitantes.

Pero fíjense que sí hay relación entre lo que uno puede observar y los números de las estadísticas. Por ejemplo, hace poco alguien que estuvo en Austria me comentaba la tristeza que veía en los rostros de los austríacos. Y al revisar las estadísticas nos podemos dar cuenta del por qué: el índice de suicidios en Austria es de 13,8 hombres y 7,4 mujeres por cada 100 mil habitantes.

En Suiza (otro país “super desarrollado” y donde antes de nacer ya tienen todo resuelto y planificado, hasta te aseguran tus lentes de leer) el índice de suicidios es de 13,5 hombres y 11,7 mujeres.

En cambio nuestra querida Venezuela muestra una de las tasas de suicidio más bajas del mundo con 6,1 hombres y 1,4 mujeres por cada 100.000 habitantes. Como siempre las mujeres venezolanas dando ejemplo de fortaleza y de ser unas verdaderas “todo terreno”, quienes a pesar de los infinitos problemas del día a día son felices, por no decir “super felices”.

Pero hoy no tendré espacio para poder nombrarles todas las razones de esa alegría, pero les prometo que lo haré, porque son bastantes cosas que sé que les gustarán mucho.

Hoy sólo voy a hablar de una, que yo pienso es la principal: Nuestra Fe. Los venezolanos somos personas de Fe y vivimos con nuestra Fe cerquita de nosotros, en el día a día.

Este mismo italiano, del que les hablé al comienzo del artículo, el año pasado fue a la Procesión de la Divina Pastora y me decía: “Es que no lo puedo creer, una cosa es lo que te dicen y otra lo que uno ve ahí, en persona. Yo nunca había visto tanta gente con tanta fe y todos estaban felices, con un calor insoportable”.

Bueno querido amigo, le contesté yo, es que Venezuela ha sido bendecida por Dios y tiene una tradición religiosa impresionante que ha sido la que, generación tras generación, nos ha ayudado a vivir como hijos predilectos de Dios en esta tierra maravillosa (llena de problemas, es verdad, pero también de cosas buenas) y que en estos momentos nos está pidiendo que vivamos como verdaderos hermanos y sigamos rezando y luchando, más intensamente que nunca, para poder sembrar el Amor, la Paz y la Justicia que sólo Dios nos puede dar.

Y de verdad que esa alegría del venezolano es algo que sólo de cara a Dios se puede entender.

¡Qué belleza fue ver a esas millones de personas (un altísimo porcentaje de gente joven) caminando esas calles que estaban ardiendo de calor! Y a muchos no les importó y caminaron descalzos. ¡Qué dirían los suecos!.

Pero lo más grande y más bello fue ver esa alegría que desbordaba del corazón de cada uno de ellos, porque estaban acompañando a nuestra Santísima Virgen, en la advocación de la Divina Pastora, en la segunda concentración religiosa más grande del mundo en este tipo.

¡Qué grande es nuestra Fe! ¡Qué grande es nuestra alegría! ¡Qué grande es que los venezolanos sepamos que somos hijos de Dios! ¡Qué grande es querer a todos nuestros hermanos venezolanos! ¡Qué grande es rezar y luchar en nuestra Patria por una mejor Venezuela para todos!

Fuente: Entrelíneas – María Denisse Fanianos de Capriles

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