VRM31 Virgen de la Coromoto

Si hay algo maravilloso que tiene nuestra Tierra de Gracia es que aquí, a diferencia de algunos países del “primer mundo”, todavía se puede hablar de Dios y la Santísima Virgen con mucha Fe, orgullo, alegría y Esperanza.

Es frecuente que en la calle nos topemos con personas preocupadas o angustiadas (con los problemas del día a día) y que en lo que nos ponemos a hablar con ellos caemos en el tema de Rezar, de pedirle a Dios y a nuestra Virgencita que nos ayude. Aquí es frecuente escuchar: “Si Dios quiere”, “Rezaré para que se te resuelva ese problema”, “Tranquilo que Dios y la Virgen no permitirán que te pase nada malo”, “Que Dios y la Virgen te protejan y bendigan”, etc.

Igualmente Venezuela es un buen país para mortificarse (porque diariamente encontramos problemas como el tráfico, la inflación, etc., que se los podemos ofrecer a Dios por la salud de fulanita, por la paz del mundo, etc.) y es un país excelente para hacer apostolado y acercar a la gente a Dios. Podemos hablar de la confesión, con gran naturalidad, en cualquier sitio porque en lo que tocamos el tema de la delincuencia, sale el tema de la muerte, y en lo que sale el tema de la muerte, ni cortos ni perezosos decimos que hay que rezar para que Dios nos proteja y que tenemos que estar preparados (en gracia de Dios) cada vez que salimos de la casa porque no sabemos cuándo nos va a llegar la hora.

Algunos pensarán que esto es una locura. Pero hay que verle el lado bueno a las cosas. Hace poco nos contaron de una persona que vino de Holanda y fue a misa. Cuando vio cómo la gente corría a las colas de los confesionarios se le salieron las lágrimas de la emoción. Decía que eso nunca lo había visto allá, que allá muy poca gente se confiesa.

Por eso quienes somos católicos (y muy especialmente los abuelos, padres y maestros) tenemos una gran responsabilidad en nuestras manos.

Porque no basta con dar ejemplo de buenos cristianos (que sabemos que ya eso es bastante y esencial) sino que tenemos que hablar de nuestra fe, con orgullo y con alegría, porque la gente está ávida que les hablemos de Dios y del camino para ser felices.

De esa manera los ayudamos a acercarse más a Cristo, a conocerlo mejor y a amarlo con todo el corazón. Y mientras más hablemos y extendamos la palabra de Dios y su verdad con sencillez y claridad (en todo lugar, en todo momento y en toda ocasión) nuestra Patria Amada se irá encendiendo de un Amor tan grande que se regará al mundo entero.

Porque el Amor de Dios es tan inmenso que no podemos guardarlo para nosotros, tenemos que compartirlo. Si los venezolanos nos esforzamos por tratar mejor a Dios en la oración y en los sacramentos, las palabras nos saldrán solas y hablaremos de Dios en la familia, en la escuela, en la comunidad, en todos los rincones… Ayudaremos a extender esa llama de Amor a todos los rincones del mundo y entonces muchos se acercarán a Dios y podrán salvarse. Sólo así ayudaremos a vivir en un mundo mejor.

Así que mucho ánimo, a rezar mucho y a formarnos mucho en nuestra Fe en este nuevo año que comienza para que seamos unos colaboradores Número Uno de Dios, en esta bella tierra que nos vio nacer y que espera tanto de cada uno de nosotros.

Luis Felipe y María Denisse de Capriles
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